Aporofobia: la palabra del año que hace visible el rechazo al pobre

«Odio, repugnancia u hostilidad ante el pobre, el sin recursos, el desamparado». Esta es una posible definición del neologismo “aporofobia”, designado palabra del año 2017 por Fundéu, la Fundación del Español Urgente, una entidad promovida por la Agencia Efe y BBVA.

No pasa muy a menudo, pero en este caso el neologismo tiene un origen definido: se lo inventó a conciencia Adela Cortina, catedrática de ética y filosofía política en la Universidad de Valencia, para poner nombre a una realidad y poder discutirla, explicarla y cambiarla.

Como nos recuerda Cortina en su libro Aporofobia, el rechazo al pobre (Paidós, 2017), en el escenario del principio de los tiempos descrito en el libro del Génesis, el mundo es tan nuevo que muchas cosas no tienen todavía nombre y la gente ha de señalarlas con el dedo. Y de hecho, es poniendo nombres a las cosas lo que, según la filósofa, nos hace avanzar. “La historia humana consiste, al menos en cierta medida, en ir poniendo nombres a las cosas para poder incorporarlas al mundo humano del diálogo, la conciencia y la reflexión”.

Hay cosas, dice la autora, que no se pueden señalar con el dedo, como “la democracia, la libertad, la conciencia, el totalitarismo, la belleza, la hospitalidad o el capitalismo financiero”, o “la xenofobia, el racismo, la misoginia, la homofobia, la cristianofobia o la islamofobia”. “Por eso”, explica, “estas realidades sociales necesitan nombres que nos permitan reconocerlas para saber de su existencia, para poder analizarlas y tomar posición ante ellas”, advierte.

Esta es precisamente la intención que esconde la palabra “aporofobia”, compuesta por los términos griegos άπορος (á-poros), sin recursos, indigente, pobre, y φόβος, (fobos), miedo.

Breve historia de una palabra

Hace 20 años que Cortina juntó estas dos palabras griegas para manufacturar una palabra que ponía nombre a una idea muy clara en su mente: “es la fobia hacia el pobre la que lleva a rechazar a las personas, las razas y aquellas etnias que habitualmente no tienen recursos y, por tanto, no pueden ofrecer nada, o parece que no pueden hacerlo”.

Esta primera formulación apareció en una columna a la publicación ABC Cultural, el 1 de diciembre de 1995. “Poner un nombre a esta patología social era urgente para poder diagnosticar con mayor precisión, para intentar descubrir su etiología y proponer tratamientos efectivos”, recuerda Cortina.

Más tarde, ya en el año 2000, la autora publicó un artículo en el diario El País donde directamente sugería la inclusión de “aporofòbia” en el Diccionario de la Lengua Española, y proponía la definición con la que hemos empezado este post .

La RAE no lo hizo entonces, y la autora siguió utilizando la palabra, cuyo uso se extendió en el ámbito de las organizaciones sociales. Hoy, dos décadas más tarde, cuando estamos asistiendo al auge de los ataques violentos, físicos o verbales, hacia las personas que se encuentran sin recursos (sin techo, refugiados, inmigrantes …), esta urgencia ya no se puede ignorar. Aporofobia es palabra del año, y la RAE pronto la incluirá en su diccionario.

¿Qué nos pasa?

“Decía Ortega que lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa, por eso es decisivo tomar conciencia de lo que nos pasa, también en este cotidiano rechazo al pobre”, advierte Cortina en su libro, que pretende ofrecer un antídoto en el que deben participar necesariamente la educación formal e informal, y las instituciones. “Este antídoto”, clarifica, “será el respeto activo a la igual dignidad de las personas en la vida cotidiana, que exige el reconocimiento cordial de esta dignidad”. En una entrevista en La Contra publicada por La Vanguardia el pasado mes de junio, Cortina se explica a través de una leyenda:

“El ser humano tiene la tendencia al egoísmo y la tendencia a la cooperación y la solidaridad. Es como la historia de aquel viejo cherokee que le cuenta a su nieto que todos tenemos dentro un lobo bueno y uno malo. ‘¿Qué lobo gana?’, le pregunta el nieto. ‘Aquel que tú alimentas'”.

Aporofobia: la palabra del año que hace visible el rechazo al pobre

«Odio, repugnancia u hostilidad ante el pobre, el sin recursos, el desamparado». Esta es una posible definición del neologismo “aporofobia”, designado palabra del año 2017 por Fundéu, la Fundación del Español Urgente, una entidad promovida por la Agencia Efe y BBVA.

No pasa muy a menudo, pero en este caso el neologismo tiene un origen definido: se lo inventó a conciencia Adela Cortina, catedrática de ética y filosofía política en la Universidad de Valencia, para poner nombre a una realidad y poder discutirla, explicarla y cambiarla.

Como nos recuerda Cortina en su libro Aporofobia, el rechazo al pobre (Paidós, 2017), en el escenario del principio de los tiempos descrito en el libro del Génesis, el mundo es tan nuevo que muchas cosas no tienen todavía nombre y la gente ha de señalarlas con el dedo. Y de hecho, es poniendo nombres a las cosas lo que, según la filósofa, nos hace avanzar. “La historia humana consiste, al menos en cierta medida, en ir poniendo nombres a las cosas para poder incorporarlas al mundo humano del diálogo, la conciencia y la reflexión”.

Hay cosas, dice la autora, que no se pueden señalar con el dedo, como “la democracia, la libertad, la conciencia, el totalitarismo, la belleza, la hospitalidad o el capitalismo financiero”, o “la xenofobia, el racismo, la misoginia, la homofobia, la cristianofobia o la islamofobia”. “Por eso”, explica, “estas realidades sociales necesitan nombres que nos permitan reconocerlas para saber de su existencia, para poder analizarlas y tomar posición ante ellas”, advierte.

Esta es precisamente la intención que esconde la palabra “aporofobia”, compuesta por los términos griegos άπορος (á-poros), sin recursos, indigente, pobre, y φόβος, (fobos), miedo.

Breve historia de una palabra

Hace 20 años que Cortina juntó estas dos palabras griegas para manufacturar una palabra que ponía nombre a una idea muy clara en su mente: “es la fobia hacia el pobre la que lleva a rechazar a las personas, las razas y aquellas etnias que habitualmente no tienen recursos y, por tanto, no pueden ofrecer nada, o parece que no pueden hacerlo”.

Esta primera formulación apareció en una columna a la publicación ABC Cultural, el 1 de diciembre de 1995. “Poner un nombre a esta patología social era urgente para poder diagnosticar con mayor precisión, para intentar descubrir su etiología y proponer tratamientos efectivos”, recuerda Cortina.

Más tarde, ya en el año 2000, la autora publicó un artículo en el diario El País donde directamente sugería la inclusión de “aporofòbia” en el Diccionario de la Lengua Española, y proponía la definición con la que hemos empezado este post .

La RAE no lo hizo entonces, y la autora siguió utilizando la palabra, cuyo uso se extendió en el ámbito de las organizaciones sociales. Hoy, dos décadas más tarde, cuando estamos asistiendo al auge de los ataques violentos, físicos o verbales, hacia las personas que se encuentran sin recursos (sin techo, refugiados, inmigrantes …), esta urgencia ya no se puede ignorar. Aporofobia es palabra del año, y la RAE pronto la incluirá en su diccionario.

¿Qué nos pasa?

“Decía Ortega que lo que nos pasa es que no sabemos lo que nos pasa, por eso es decisivo tomar conciencia de lo que nos pasa, también en este cotidiano rechazo al pobre”, advierte Cortina en su libro, que pretende ofrecer un antídoto en el que deben participar necesariamente la educación formal e informal, y las instituciones. “Este antídoto”, clarifica, “será el respeto activo a la igual dignidad de las personas en la vida cotidiana, que exige el reconocimiento cordial de esta dignidad”. En una entrevista en La Contra publicada por La Vanguardia el pasado mes de junio, Cortina se explica a través de una leyenda:

“El ser humano tiene la tendencia al egoísmo y la tendencia a la cooperación y la solidaridad. Es como la historia de aquel viejo cherokee que le cuenta a su nieto que todos tenemos dentro un lobo bueno y uno malo. ‘¿Qué lobo gana?’, le pregunta el nieto. ‘Aquel que tú alimentas'”.