Declarar y “desdeclarar”: Mariscal se disculpa


Últimamente se nos hace extraño el día en que no tenemos un caso de “declaraciones desafortunadas” y los consecuentes intentos de desdeclararlas.

El último ha sido Javier Mariscal, que hace unos días describió la manifestación de la Diada del 11 de Septiembre pasado como “el día ese de las banderas que parecía como la época de Hitler”, en una entrevista en la edición valenciana de El País.

El comentario, como es evidente, voló por los medios impresos y digitales, y por las redes sociales. El dibujante y diseñador ha tenido la valentía (y contactos) de publicar una carta de disculpa a La Vanguardia. Dice: “no mediado ni el ALCANCE ni el contenido de mis palabras, dichas de modo informal y coloquial, Aunque no por ellos menos equivocadas”.

Estos casos en que un personaje público trata de retractarse de unas “desafortunadas declaraciones” siempre dejan el mismo sabor de duda en las personas receptoras de las disculpas. ¿Quiere decir que en realidad no piensa que la Diada se pareciera a “la época de Hitler”? ¿Quiere decir que sí lo piensa pero se arrepiente de haberlo dicho? ¿Quizá no sabía Mariscal que no era el único que mezclaba Hitler con la situación catalana actual? ¿O no tenía ni idea de que el nazismo es tema delicado en Europa desde los últimos sesenta años? ¿O quizás no pensó que una entrevista “provincial” no tendría tanta repercusión?

Sea como sea, las personas con una dimensión pública como Mariscal, deberían saber que cuando se habla con medios de comunicación hay que ser consciente de que uno se está dirigiendo a un gran número de personas. No se trata de tener respeto a las palabras, como dice el diseñador en su carta, sino que tener respeto a las personas que escuchan.

Declarar y “desdeclarar”: Mariscal se disculpa


Últimamente se nos hace extraño el día en que no tenemos un caso de “declaraciones desafortunadas” y los consecuentes intentos de desdeclararlas.

El último ha sido Javier Mariscal, que hace unos días describió la manifestación de la Diada del 11 de Septiembre pasado como “el día ese de las banderas que parecía como la época de Hitler”, en una entrevista en la edición valenciana de El País.

El comentario, como es evidente, voló por los medios impresos y digitales, y por las redes sociales. El dibujante y diseñador ha tenido la valentía (y contactos) de publicar una carta de disculpa a La Vanguardia. Dice: “no mediado ni el ALCANCE ni el contenido de mis palabras, dichas de modo informal y coloquial, Aunque no por ellos menos equivocadas”.

Estos casos en que un personaje público trata de retractarse de unas “desafortunadas declaraciones” siempre dejan el mismo sabor de duda en las personas receptoras de las disculpas. ¿Quiere decir que en realidad no piensa que la Diada se pareciera a “la época de Hitler”? ¿Quiere decir que sí lo piensa pero se arrepiente de haberlo dicho? ¿Quizá no sabía Mariscal que no era el único que mezclaba Hitler con la situación catalana actual? ¿O no tenía ni idea de que el nazismo es tema delicado en Europa desde los últimos sesenta años? ¿O quizás no pensó que una entrevista “provincial” no tendría tanta repercusión?

Sea como sea, las personas con una dimensión pública como Mariscal, deberían saber que cuando se habla con medios de comunicación hay que ser consciente de que uno se está dirigiendo a un gran número de personas. No se trata de tener respeto a las palabras, como dice el diseñador en su carta, sino que tener respeto a las personas que escuchan.