¿La culpa es de la comunicación? (I)

Afortunadamente las elecciones ya han quedado atrás. Todos los procesos electorales, todos, acaban provocando hartazgo. Este, a pesar de su relevancia histórica, no es una excepción. Demasiados compromisos que no se van a cumplir, un exceso de ruido y descalificación y poca exigencia y debate riguroso, a nivel general.

Ahora es momento de análisis, de interpretación. Puesto que de análisis político, tanto del de calidad como del estrictamente demagógico, ya se está haciendo mucho, me permito una primera, breve y respetuosa pincelada (el trabajo de los equipos de campaña siempre es complejo y, en muchos casos, desagradecido) desde el ámbito exclusivamente técnico de la comunicación.

Estoy convencido de que algunos errores de comunicación y de imagen han tenido un importante efecto en los resultados de CiU. La coalición –que, atendiendo a las declaraciones de sus dos principales responsables, no lo parecía, y este ha sido probablemente el primer y más grave error− ha perdido buena parte del amplio crédito de que disponía hace tan solo un par de meses al iniciarse la campaña electoral.

En su condición de partido de Gobierno, el equipo de CiU no se podía permitir un error como el que supuso la aprobación del anuncio institucional de la campaña que tuvo que ser retirado tras la queja del resto de formaciones políticas ante la Junta Electoral Central. Muchos ciudadanos, que hasta aquel momento otorgaban su confianza a la actitud honesta y decidida del Presidente de Catalunya, expresaron un primer gesto de inquietud y desaprobación cuando supieron que el error costaría 300.000 euros a las arcas públicas y dudaron de si alguien se estaba intentando aprovechar de un mensaje que todo el mundo comparte que debe ser exquisitamente neutral. Segundo error.

La presentación de la campaña de CiU puso definitivamente en alerta a muchos votantes potenciales de la propuesta, hasta el momento impecable, de Mas. Se empezó a demostrar que tenía importantes puntos débiles. El primero y central, bajo mi punto de vista, el tono. Gran parte de la ciudadanía no se ha sentido cómoda con el acento, en ocasiones grandilocuente y épico, de algunos de los eslóganes y mensajes utilizados durante la campaña, y todavía menos si estos iban acompañados de una propuesta gráfica y visual que ha exaltado excesivamente la figura del líder, de manera casi mesiánica, al parecer de no pocos. Esta propuesta no ha acercado a la ciudadanía sino todo lo contrario, la ha alejado. Tercer error.

 Era evidente que el derecho a decidir, por su trascendencia histórica y sociopolítica, se convertiría en el tema central de la campaña. Y así ha sido. Pero no se podía menospreciar la extraordinaria gravedad de la crisis económica que desde hace, atención, 5 años golpea a la sociedad catalana y española de forma monumental. La estrategia de mensajes de la campaña convergente no ha proporcionado a este tema la relevancia merecida. El debate a 7 emitido por TV3, muy bien lidiado, por cierto, por el candidato Mas, fue también una buena muestra de ello. Los adversarios han aprovechado este déficit y han llegado a hablar de “insensibilidad social”. Cuarto error.

Finalmente, comprobando que la aproximación a la ciudadanía no había sido correcta, el equipo de campaña de CiU ha intentado corregirla, precipitadamente, a última hora con escasa notoriedad y, por tanto, éxito. Quinto error.

 Por su especial gravedad, que ahora la justicia deberá ponderar, prefiero abstenerme de comentar el efecto que con toda seguridad ha tenido sobre la percepción del candidato Mas y de CiU y, por lo tanto, sobre los resultados de la campaña, las injuriosas acusaciones lanzadas desde El Mundo y que han contado con la inexplicable aquiescencia de buena parte de los miembros del gobierno español. La artillería pesada ha hecho su efecto.

Así pues, en esta ocasión, a pesar de la extrema habilidad y dominio del President Mas tanto en el manejo del discurso como de su puesta en escena, sí parece que se puede decir que una parte de la responsabilidad del tropiezo de CiU ha sido “culpa de la comunicación”. Una afirmación que se está convirtiendo, no siempre con razón, en todo un clásico.

 

 

 

 

¿La culpa es de la comunicación? (I)

Afortunadamente las elecciones ya han quedado atrás. Todos los procesos electorales, todos, acaban provocando hartazgo. Este, a pesar de su relevancia histórica, no es una excepción. Demasiados compromisos que no se van a cumplir, un exceso de ruido y descalificación y poca exigencia y debate riguroso, a nivel general.

Ahora es momento de análisis, de interpretación. Puesto que de análisis político, tanto del de calidad como del estrictamente demagógico, ya se está haciendo mucho, me permito una primera, breve y respetuosa pincelada (el trabajo de los equipos de campaña siempre es complejo y, en muchos casos, desagradecido) desde el ámbito exclusivamente técnico de la comunicación.

Estoy convencido de que algunos errores de comunicación y de imagen han tenido un importante efecto en los resultados de CiU. La coalición –que, atendiendo a las declaraciones de sus dos principales responsables, no lo parecía, y este ha sido probablemente el primer y más grave error− ha perdido buena parte del amplio crédito de que disponía hace tan solo un par de meses al iniciarse la campaña electoral.

En su condición de partido de Gobierno, el equipo de CiU no se podía permitir un error como el que supuso la aprobación del anuncio institucional de la campaña que tuvo que ser retirado tras la queja del resto de formaciones políticas ante la Junta Electoral Central. Muchos ciudadanos, que hasta aquel momento otorgaban su confianza a la actitud honesta y decidida del Presidente de Catalunya, expresaron un primer gesto de inquietud y desaprobación cuando supieron que el error costaría 300.000 euros a las arcas públicas y dudaron de si alguien se estaba intentando aprovechar de un mensaje que todo el mundo comparte que debe ser exquisitamente neutral. Segundo error.

La presentación de la campaña de CiU puso definitivamente en alerta a muchos votantes potenciales de la propuesta, hasta el momento impecable, de Mas. Se empezó a demostrar que tenía importantes puntos débiles. El primero y central, bajo mi punto de vista, el tono. Gran parte de la ciudadanía no se ha sentido cómoda con el acento, en ocasiones grandilocuente y épico, de algunos de los eslóganes y mensajes utilizados durante la campaña, y todavía menos si estos iban acompañados de una propuesta gráfica y visual que ha exaltado excesivamente la figura del líder, de manera casi mesiánica, al parecer de no pocos. Esta propuesta no ha acercado a la ciudadanía sino todo lo contrario, la ha alejado. Tercer error.

 Era evidente que el derecho a decidir, por su trascendencia histórica y sociopolítica, se convertiría en el tema central de la campaña. Y así ha sido. Pero no se podía menospreciar la extraordinaria gravedad de la crisis económica que desde hace, atención, 5 años golpea a la sociedad catalana y española de forma monumental. La estrategia de mensajes de la campaña convergente no ha proporcionado a este tema la relevancia merecida. El debate a 7 emitido por TV3, muy bien lidiado, por cierto, por el candidato Mas, fue también una buena muestra de ello. Los adversarios han aprovechado este déficit y han llegado a hablar de “insensibilidad social”. Cuarto error.

Finalmente, comprobando que la aproximación a la ciudadanía no había sido correcta, el equipo de campaña de CiU ha intentado corregirla, precipitadamente, a última hora con escasa notoriedad y, por tanto, éxito. Quinto error.

 Por su especial gravedad, que ahora la justicia deberá ponderar, prefiero abstenerme de comentar el efecto que con toda seguridad ha tenido sobre la percepción del candidato Mas y de CiU y, por lo tanto, sobre los resultados de la campaña, las injuriosas acusaciones lanzadas desde El Mundo y que han contado con la inexplicable aquiescencia de buena parte de los miembros del gobierno español. La artillería pesada ha hecho su efecto.

Así pues, en esta ocasión, a pesar de la extrema habilidad y dominio del President Mas tanto en el manejo del discurso como de su puesta en escena, sí parece que se puede decir que una parte de la responsabilidad del tropiezo de CiU ha sido “culpa de la comunicación”. Una afirmación que se está convirtiendo, no siempre con razón, en todo un clásico.