Mac: Cuando las películas se pintaban a mano

Hubo un tiempo en que las campañas de promoción de las películas giraban alrededor de carteles pintados a mano, todo un arte merecedor no sólo del amor de los asistentes a las salas de cine, que guardarían estas imágenes para siempre en la memoria, sino también del respeto y reconocimiento de aclamados directores, actores y artistas.

La reciente muerte de Mac, como fue conocido el cartelista de Reus Macario Gómez Quibus, abre una ventana a la nostalgia de un arte que murió con la proliferación de los medios audiovisuales (televisión, el vídeo, y finalmente Internet). Hoy, su obra, que incluye los carteles de películas de los años 50, 60 y 70 tan conocidas como Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941), Casablanca (Michael Curtiz, 1942) o Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), se conserva bien custodiada los museos, publicaciones y otras muestras, como el documental Un chico de portada: el arte de Macario Gómez, realizado por David Muñoz 2012.

Un gesto, un puñetazo, un beso apasionado … Mac, como todos los ilustradores de películas de la época, captaba en un solo dibujo la esencia de un filme y daba razones al público para ir a la sala cada sábado. Los trailers aún no existían, y los carteles eran la primera imagen que los ávidos espectadores veían de cada película llegada de Hollywood que se anunciaba en las salas de cine.

Bajo el escrutinio de la censura

Un tranvía llamado deseo (1951), Moulin Rouge (1953), Guerra y Paz (1956), Ivanhoe (Richard Thorpe, 1952), El Cid (Anthony Mann, 1961), El juez de la horca (John Huston, 1972) … la lista de las películas ilustradas por el artista de Reus, uno de los principales cartelistas de Hollywood, es larga.

Los carteles de aquellos años de gloria no eran ningún complemento o decoración, sino el centro de las campañas de promoción de la emergente industria del cine. Su poder de sugerencia de cara a la opinión pública en un momento en que las películas eran la gran maravilla del mundo del entretenimiento era tan grande que la censura franquista a cargo del Ministerio de Información y Turismo los vigilaba de muy cerca.

Un oficio admirado y reconocido

Mac contó con la admiración de grandes estrellas de la pantalla. Cuentan que a Charlton Heston le gustó tanto el cartel de Los diez mandamientos (Cecil B. De Mille, 1956), que quiso conocer Mac en persona, una ocasión que el artista catalán aprovechó para regalar al actor estadounidense un retrato de él caracterizado de Moisés, tal como éste aparecía en la película. También Kirk Douglas se declaró admirador de Mac, y aún conserva un cartel original de la película dirigida por el propio actor en 1975 Los justicieros del Oeste. Incluso Salvador Dalí mostró su admiración por Mac.

En 2013, Macario Gómez estuvo nombrado Miembro de honor de la Academia del Cine Catalán, y el 2014 recibió la Cruz de Sant Jordi. Su obra vivirá todavía muchos años en la memoria colectiva, y pasará sin duda a la historia de los medios de comunicación en nuestra tierra.

Mac: Cuando las películas se pintaban a mano

Hubo un tiempo en que las campañas de promoción de las películas giraban alrededor de carteles pintados a mano, todo un arte merecedor no sólo del amor de los asistentes a las salas de cine, que guardarían estas imágenes para siempre en la memoria, sino también del respeto y reconocimiento de aclamados directores, actores y artistas.

La reciente muerte de Mac, como fue conocido el cartelista de Reus Macario Gómez Quibus, abre una ventana a la nostalgia de un arte que murió con la proliferación de los medios audiovisuales (televisión, el vídeo, y finalmente Internet). Hoy, su obra, que incluye los carteles de películas de los años 50, 60 y 70 tan conocidas como Ciudadano Kane (Orson Welles, 1941), Casablanca (Michael Curtiz, 1942) o Psicosis (Alfred Hitchcock, 1960), se conserva bien custodiada los museos, publicaciones y otras muestras, como el documental Un chico de portada: el arte de Macario Gómez, realizado por David Muñoz 2012.

Un gesto, un puñetazo, un beso apasionado … Mac, como todos los ilustradores de películas de la época, captaba en un solo dibujo la esencia de un filme y daba razones al público para ir a la sala cada sábado. Los trailers aún no existían, y los carteles eran la primera imagen que los ávidos espectadores veían de cada película llegada de Hollywood que se anunciaba en las salas de cine.

Bajo el escrutinio de la censura

Un tranvía llamado deseo (1951), Moulin Rouge (1953), Guerra y Paz (1956), Ivanhoe (Richard Thorpe, 1952), El Cid (Anthony Mann, 1961), El juez de la horca (John Huston, 1972) … la lista de las películas ilustradas por el artista de Reus, uno de los principales cartelistas de Hollywood, es larga.

Los carteles de aquellos años de gloria no eran ningún complemento o decoración, sino el centro de las campañas de promoción de la emergente industria del cine. Su poder de sugerencia de cara a la opinión pública en un momento en que las películas eran la gran maravilla del mundo del entretenimiento era tan grande que la censura franquista a cargo del Ministerio de Información y Turismo los vigilaba de muy cerca.

Un oficio admirado y reconocido

Mac contó con la admiración de grandes estrellas de la pantalla. Cuentan que a Charlton Heston le gustó tanto el cartel de Los diez mandamientos (Cecil B. De Mille, 1956), que quiso conocer Mac en persona, una ocasión que el artista catalán aprovechó para regalar al actor estadounidense un retrato de él caracterizado de Moisés, tal como éste aparecía en la película. También Kirk Douglas se declaró admirador de Mac, y aún conserva un cartel original de la película dirigida por el propio actor en 1975 Los justicieros del Oeste. Incluso Salvador Dalí mostró su admiración por Mac.

En 2013, Macario Gómez estuvo nombrado Miembro de honor de la Academia del Cine Catalán, y el 2014 recibió la Cruz de Sant Jordi. Su obra vivirá todavía muchos años en la memoria colectiva, y pasará sin duda a la historia de los medios de comunicación en nuestra tierra.