Proactividad urgente contra el cambio climático

Proactividad urgente contra el cambio climático

Más allá de las consecuencias de las elecciones catalanas y de la crisis económica en la que estamos inmersos, la agenda informativa internacional está marcada hasta el 7 de diciembre por la conferencia sobre el cambio climático organizada por la ONU en Doha (Qatar).

El inicio de la cumbre ha estado precedido de numerosos estudios científicos que apuntan que el cambio climático se está acelerando debido al incremento de las emisiones de los gases de efecto invernadero. Estos informes hacen patentes ciertas cifras que tendrían que alertarnos a todos, a nivel individual y gubernamental: en 2011 se batió el récord mundial de emisiones de gases contaminantes y los niveles de CO2 ya se han incrementado un 40% respecto a la era preindustrial, según la Organización Meteorológica Mundial; la temperatura global aumentará 4° grados centígrados en el 2060 si no se toman medidas inmediatas, ha advertido al Banco Mundial; la extensión mínima del océano Ártico se ha reducido a la mitad con respecto a los años ochenta, de acuerdo con la Agencia Europea de Medio Ambiente; el nivel del mar puede subir hasta cerca de un metro a finales de siglo, según las previsiones basadas en las medidas tomadas por los satélites.

En este marco, sorprende la falta de actitut proactiva de buena parte de los 200 países que participan en la cumbre de Doha, en especial de los industrializados, que tienen el difícil reto no sólo de alcanzar un acuerdo para prorrogar el protocolo de Kioto —vigente hasta el próximo diciembre y del que ya se han desdicho Rusia, Japón y Canadá— sino también, y sobre todo, negociar un tratado global nuevo, consensuado, ambicioso y vinculante para frenar las emisiones de todos los países que debería entrar en vigor en el 2020.

Es sintomático que el presidente de Estados Unidos, uno de los países que está fuera del protocolo desde su firma en 1997, hiciera referencia explícita a la importancia de la lucha contra el cambio climático en la primera rueda de prensa tras su reelección. “Yo soy un firme creyendo que el cambio climático es real, que se ve afectado por el comportamiento humano y las emisiones de carbono. Y como consecuencia, creo que tenemos una obligación con las generaciones futuras para hacer algo al respecto” pese a que implique “tomar algunas decisiones políticas difíciles”, subrayó Barack Obama.

Como contrapunto, destaca el poco interés que muestra el gobierno español en establecer una estrategia clara a favor del medio ambiente. Lejos de implementar medidas para frenar la emisión de gases contaminantes y favorecer la eficiencia energética y el uso de energías renovables tanto en el ámbito doméstico como industrial, el ejecutivo de Rajoy está recortando las subvenciones, por ejemplo, para la investigación y desarrollo de la eólica o la fotovoltaica y está eliminando las ayudas a las renovables de la factura de la luz, hasta el extremo de que a partir de 2013 se eliminarán los incentivos a las nuevas instalaciones.

Hay que tener en cuenta que España depende en muy alto grado de la energía proviniente del exterior, en concreto un 76% de los recursos energéticos que se usan en el país proceden del extranjero. A ello se suma la inestabilidad de los precios de los combustibles fósiles, la subida de los cuales, sobre todo del petróleo y el gas, puede afectar seriamente a nuestra maltrecha economía en la que, además, se han destruido cerca de 70.000 puestos de trabajo del ámbito de las energías renovables desde 2008.

Tal como señalan los expertos desde hace décadas, es imprescindible y urgente tomar en serio la lucha contra el cambio climático y exigir que sea una de las prioridades de nuestros gobernantes. De nada servirán los esfuerzos económicos que estamos haciendo ni la lucha por el derecho a decidir si no tenemos las condiciones básicas para nuestra supervivencia no ya como país sino como especie.

Proactividad urgente contra el cambio climático

Proactividad urgente contra el cambio climático

Más allá de las consecuencias de las elecciones catalanas y de la crisis económica en la que estamos inmersos, la agenda informativa internacional está marcada hasta el 7 de diciembre por la conferencia sobre el cambio climático organizada por la ONU en Doha (Qatar).

El inicio de la cumbre ha estado precedido de numerosos estudios científicos que apuntan que el cambio climático se está acelerando debido al incremento de las emisiones de los gases de efecto invernadero. Estos informes hacen patentes ciertas cifras que tendrían que alertarnos a todos, a nivel individual y gubernamental: en 2011 se batió el récord mundial de emisiones de gases contaminantes y los niveles de CO2 ya se han incrementado un 40% respecto a la era preindustrial, según la Organización Meteorológica Mundial; la temperatura global aumentará 4° grados centígrados en el 2060 si no se toman medidas inmediatas, ha advertido al Banco Mundial; la extensión mínima del océano Ártico se ha reducido a la mitad con respecto a los años ochenta, de acuerdo con la Agencia Europea de Medio Ambiente; el nivel del mar puede subir hasta cerca de un metro a finales de siglo, según las previsiones basadas en las medidas tomadas por los satélites.

En este marco, sorprende la falta de actitut proactiva de buena parte de los 200 países que participan en la cumbre de Doha, en especial de los industrializados, que tienen el difícil reto no sólo de alcanzar un acuerdo para prorrogar el protocolo de Kioto —vigente hasta el próximo diciembre y del que ya se han desdicho Rusia, Japón y Canadá— sino también, y sobre todo, negociar un tratado global nuevo, consensuado, ambicioso y vinculante para frenar las emisiones de todos los países que debería entrar en vigor en el 2020.

Es sintomático que el presidente de Estados Unidos, uno de los países que está fuera del protocolo desde su firma en 1997, hiciera referencia explícita a la importancia de la lucha contra el cambio climático en la primera rueda de prensa tras su reelección. “Yo soy un firme creyendo que el cambio climático es real, que se ve afectado por el comportamiento humano y las emisiones de carbono. Y como consecuencia, creo que tenemos una obligación con las generaciones futuras para hacer algo al respecto” pese a que implique “tomar algunas decisiones políticas difíciles”, subrayó Barack Obama.

Como contrapunto, destaca el poco interés que muestra el gobierno español en establecer una estrategia clara a favor del medio ambiente. Lejos de implementar medidas para frenar la emisión de gases contaminantes y favorecer la eficiencia energética y el uso de energías renovables tanto en el ámbito doméstico como industrial, el ejecutivo de Rajoy está recortando las subvenciones, por ejemplo, para la investigación y desarrollo de la eólica o la fotovoltaica y está eliminando las ayudas a las renovables de la factura de la luz, hasta el extremo de que a partir de 2013 se eliminarán los incentivos a las nuevas instalaciones.

Hay que tener en cuenta que España depende en muy alto grado de la energía proviniente del exterior, en concreto un 76% de los recursos energéticos que se usan en el país proceden del extranjero. A ello se suma la inestabilidad de los precios de los combustibles fósiles, la subida de los cuales, sobre todo del petróleo y el gas, puede afectar seriamente a nuestra maltrecha economía en la que, además, se han destruido cerca de 70.000 puestos de trabajo del ámbito de las energías renovables desde 2008.

Tal como señalan los expertos desde hace décadas, es imprescindible y urgente tomar en serio la lucha contra el cambio climático y exigir que sea una de las prioridades de nuestros gobernantes. De nada servirán los esfuerzos económicos que estamos haciendo ni la lucha por el derecho a decidir si no tenemos las condiciones básicas para nuestra supervivencia no ya como país sino como especie.