Todo centro educativo necessita una guía de actuación en redes sociales

Parece que es hora de hablar de las implicaciones que determinados usos de las redes sociales pueden tener para un sector tan socialmente sensible como son los docentes. La Vanguardia lo comentaba hace unos días en un artículo titulado «Ocho reglas que deben seguir los profesores en las redes sociales». Ya existen varios casos en que profesores han sido despedidos por contenidos compartidos en las redes.

Algunos sectores profesionales de carácter más público y social, como los periodistas, ya hace años que tratan de dar consejos o establecer normas de gestión de los perfiles personales en las redes. Poco a poco, sin embargo, otros sectores más clásicos reflexionan también. Aunque todavía es una práctica minoritaria, es una necesidad de primer orden, para todo tipo de empresas, organizaciones e instituciones políticas y educativas, contar con una guía de actuación en redes sociales dirigida a sus trabajadores o miembros, que establezca pautas concretas y tenga en cuenta las particularidades de cada sector.

La llamada digitalización avanza a velocidad de vértigo. Nuevos hábitos y prácticas, generalmente relacionadas con el móvil, se instalan en nuestras vidas, tal vez porque nos parecen útiles o entretenidos, o a la moda. Ya parece que han estado ahí toda la vida, y sin embargo a menudo no hemos tenido todavía un momento para reflexionar sobre pros, contras e implicaciones más allá.

A medida que avanza la era digital y se normaliza la utilización de las redes sociales, individuos, empresas e instituciones, y la sociedad en su conjunto, aprendemos sobre la marcha a usarlas. No es tan fácil como parece. En las redes sociales, la vida personal y la profesional se mezclan: allí somos a la vez en el ámbito público y en el ámbito privado de la expresión más personal, emocional y opinativa. Precaución, y sentido común.

Todo centro educativo necessita una guía de actuación en redes sociales

Parece que es hora de hablar de las implicaciones que determinados usos de las redes sociales pueden tener para un sector tan socialmente sensible como son los docentes. La Vanguardia lo comentaba hace unos días en un artículo titulado «Ocho reglas que deben seguir los profesores en las redes sociales». Ya existen varios casos en que profesores han sido despedidos por contenidos compartidos en las redes.

Algunos sectores profesionales de carácter más público y social, como los periodistas, ya hace años que tratan de dar consejos o establecer normas de gestión de los perfiles personales en las redes. Poco a poco, sin embargo, otros sectores más clásicos reflexionan también. Aunque todavía es una práctica minoritaria, es una necesidad de primer orden, para todo tipo de empresas, organizaciones e instituciones políticas y educativas, contar con una guía de actuación en redes sociales dirigida a sus trabajadores o miembros, que establezca pautas concretas y tenga en cuenta las particularidades de cada sector.

La llamada digitalización avanza a velocidad de vértigo. Nuevos hábitos y prácticas, generalmente relacionadas con el móvil, se instalan en nuestras vidas, tal vez porque nos parecen útiles o entretenidos, o a la moda. Ya parece que han estado ahí toda la vida, y sin embargo a menudo no hemos tenido todavía un momento para reflexionar sobre pros, contras e implicaciones más allá.

A medida que avanza la era digital y se normaliza la utilización de las redes sociales, individuos, empresas e instituciones, y la sociedad en su conjunto, aprendemos sobre la marcha a usarlas. No es tan fácil como parece. En las redes sociales, la vida personal y la profesional se mezclan: allí somos a la vez en el ámbito público y en el ámbito privado de la expresión más personal, emocional y opinativa. Precaución, y sentido común.