“Uberizar”: marcas que engendran palabras y dan forma al mundo

San Francisco, mayo de 2010. Una pequeña start-up con una innovadora idea de transporte urbano pone el marcha una aplicación beta con sus primeros coches. Hoy, la compañía de transporte Uber, valorada en 54.000 millones de dólares, está presente en más de 600 ciudades de todo el mundo, y no sólo eso, su modelo de negocio, y las transformaciones en las relaciones laborales que ha implicado, han engendrado un neologismo cuya raíz es la propia marca.

Desde hace ya unos años, expertos y medios de comunicación utilizan la palabra uberización como un concepto generalizado, que ha transcendido a la propia compañía que le da nombre, para referirse al proceso de utilizar las nuevas tecnologías para poner en contacto un cliente con una persona que ofrece el servicio requerido. Aunque todavía es pronto para saber si la nueva palabra ha llegado para quedarse o si se trata de una moda temporal, la Fundéu ya ha reconocido su forma verbal castellana, uberizar, y el sustantivo, uberización .

En pleno debate sobre la legitimidad o no de las nuevas formas de relaciones laborales que han provocado este modelo de negocio, parece que la voz uberización ha evolucionado hacia un significado más crítico, un tipo de «precarización del trabajo del siglo XXI» . El lenguaje es poderoso, y el hecho de que se haya nombrado el problema indica que éste es visible, y prepara el terreno para la discusión pública. Un titular del diario El País del pasado mes de enero, por ejemplo, deja así: “La ‘uberización’ no va a ser dominante en el mercado laboral“.

“Uberizar”: marcas que engendran palabras y dan forma al mundo

San Francisco, mayo de 2010. Una pequeña start-up con una innovadora idea de transporte urbano pone el marcha una aplicación beta con sus primeros coches. Hoy, la compañía de transporte Uber, valorada en 54.000 millones de dólares, está presente en más de 600 ciudades de todo el mundo, y no sólo eso, su modelo de negocio, y las transformaciones en las relaciones laborales que ha implicado, han engendrado un neologismo cuya raíz es la propia marca.

Desde hace ya unos años, expertos y medios de comunicación utilizan la palabra uberización como un concepto generalizado, que ha transcendido a la propia compañía que le da nombre, para referirse al proceso de utilizar las nuevas tecnologías para poner en contacto un cliente con una persona que ofrece el servicio requerido. Aunque todavía es pronto para saber si la nueva palabra ha llegado para quedarse o si se trata de una moda temporal, la Fundéu ya ha reconocido su forma verbal castellana, uberizar, y el sustantivo, uberización .

En pleno debate sobre la legitimidad o no de las nuevas formas de relaciones laborales que han provocado este modelo de negocio, parece que la voz uberización ha evolucionado hacia un significado más crítico, un tipo de «precarización del trabajo del siglo XXI» . El lenguaje es poderoso, y el hecho de que se haya nombrado el problema indica que éste es visible, y prepara el terreno para la discusión pública. Un titular del diario El País del pasado mes de enero, por ejemplo, deja así: “La ‘uberización’ no va a ser dominante en el mercado laboral“.