Viralidad y ciudadanía

A medida que nos adentramos en esta era digital, surgen reflexiones necesarias sobre cómo los ciudadanos deben actuar ante ciertas situaciones que están convirtiéndose en parte del día a día. La prensa habla estos días, por ejemplo, del video catalogado como pornografía infantil que se ha hecho viral vía Whatsapp entre la población catalana. El vídeo, con duras imágenes de maltrato a un bebé, incluye un mensaje final en árabe que apela al receptor, en especial a las mujeres, a compartirlo con el fin de localizar a la madre de la víctima.

No es el único caso en que contenidos sensibles se vuelven virales. Hace sólo unos días la prensa difundía la historia real detrás de otro vídeo difundido a través de Whatsapp, que mostraba imágenes de una cámara de seguridad donde un hombre era golpeado en Brasil por un neumático fuera de control.

Por alguna razón, cuando vemos imágenes en el móvil las percibimos más como una película de ficción que como una situación real, que puede haber provocado sufrimiento a otros seres humanos. La realidad, sin embargo, es que compartir según qué contenidos puede tener consecuencias legales, tal como han advertido los Mossos a raíz del caso del vídeo de la agresión al bebé.

A pesar de hacerlo con buenas intenciones, compartir archivos no deja de contribuir a la difusión de pornografía infantil, y puede por tanto constituir un delito. El Código Penal establece que la distribución, exhibición, ofrecimiento o facilitación de la difusión de pornografía infantil supone un delito al que corresponde una pena de hasta cinco años de privación de libertad.

La reacción recomendada para los ciudadanos que reciban un vídeo con imágenes que puedan ser catalogadas como pornografía infantil es denunciar los hechos inmediatamente a la policía (internetsegura@gencat.cat), y nunca participar en la cadena de reenvíos.

Viralidad y ciudadanía

A medida que nos adentramos en esta era digital, surgen reflexiones necesarias sobre cómo los ciudadanos deben actuar ante ciertas situaciones que están convirtiéndose en parte del día a día. La prensa habla estos días, por ejemplo, del video catalogado como pornografía infantil que se ha hecho viral vía Whatsapp entre la población catalana. El vídeo, con duras imágenes de maltrato a un bebé, incluye un mensaje final en árabe que apela al receptor, en especial a las mujeres, a compartirlo con el fin de localizar a la madre de la víctima.

No es el único caso en que contenidos sensibles se vuelven virales. Hace sólo unos días la prensa difundía la historia real detrás de otro vídeo difundido a través de Whatsapp, que mostraba imágenes de una cámara de seguridad donde un hombre era golpeado en Brasil por un neumático fuera de control.

Por alguna razón, cuando vemos imágenes en el móvil las percibimos más como una película de ficción que como una situación real, que puede haber provocado sufrimiento a otros seres humanos. La realidad, sin embargo, es que compartir según qué contenidos puede tener consecuencias legales, tal como han advertido los Mossos a raíz del caso del vídeo de la agresión al bebé.

A pesar de hacerlo con buenas intenciones, compartir archivos no deja de contribuir a la difusión de pornografía infantil, y puede por tanto constituir un delito. El Código Penal establece que la distribución, exhibición, ofrecimiento o facilitación de la difusión de pornografía infantil supone un delito al que corresponde una pena de hasta cinco años de privación de libertad.

La reacción recomendada para los ciudadanos que reciban un vídeo con imágenes que puedan ser catalogadas como pornografía infantil es denunciar los hechos inmediatamente a la policía (internetsegura@gencat.cat), y nunca participar en la cadena de reenvíos.