04 junio 2012
El rescate de Bankia o la pérdida de confianza
¿Quién hubiera dicho hace tres años que el proclamado como modélico sector financiero español se encontraría en la difícil situación actual? El caso de Bankia nos ha situado ante el mayor rescate bancario que ha tenido lugar en España fruto, entre otras causas, de la acumulación de activos tóxicos, eminentemente inmobiliarios.
En la situación actual de recortes presupuestarios en educación, sanidad, investigación, infraestructuras y un largo etcétera de materias básicas para el progreso económico y social del país, así como de amenazas de intervención y recentralización de las autonomías, es difícil encajar que el Gobierno vaya a inyectar en Bankia —en efectivo a través de emisiones del Tesoro— más de 23.000 millones de euros.
Este no es el primer rescate ni el último que sufren nuestras instituciones bancarias pero sí es el más cuantioso y el que más ha exaltado el ánimo de la opinión pública. Primero, por la ingente cantidad de dinero público que supone dicha intervención pero, sobre todo, por la falta de voluntad para depurar responsabilidades por el agujero destapado. Las pérdidas del grupo Bankia, las mayores de la historia financiera de España, se cifran en 3.318 millones de euros frente a las ganancias de 41 millones de euros en las cuentas dadas por buenas por el equipo de Rodrigo Rato.
Por otro lado, este rescate es el que más desconfianza ha generado tanto entre los ciudadanos como entre inversores y estados. Y es que lo que al principio se cuantificó en cerca de 4.500 millones euros ahora ha crecido a más de 23.000.
La desafortunada intervención de Mariano Rajoy, el lunes 28 desde la sede del PP, no ha ayudado a aplacar el desasosiego generalizado. Sus asesores de comunicación debieron haberle alertado sobre las consecuencias de organizar una rueda de prensa sobre el tema en Génova y no desde Moncloa.
Si entramos en el contenido de su discurso sería lógico pensar que el representante de todos los españoles querría saber cómo Bankia ha llegado a ser un lastre para los ciudadanos. Sin embargo, Rajoy ha vuelto a considerar innecesario abrir una comisión de investigación para depurar responsabilidades en el caso.
No deben ser del mismo parecer los accionistas y clientes del grupo ni el conjunto de la ciudadanía que pagará a 497 euros por persona esa inyección de capital. Por el bien de la democracia, es necesario que, como ocurrió con Banesto o la CAM, se hagan públicos las causas y los responsables que han abocado a la cuarta entidad bancaria del país a esta situación.
Otro punto relevante en el discurso de Rajoy ha sido la desvinculación del aumento de la prima de riesgo del caso Bankia y de la convulsión de nuestro sistema financiero. No obstante, a los ojos de expertos y profanos en la materia se hace muy difícil desligarlos pues cuanto mayor es la incertidumbre más sube la prima y más cae la bolsa, que en mayo ha acumulado un descenso del 10%.
A modo de ejemplo, el revés que ha supuesto el rechazo del Banco Central Europeo (BCE) al plan presentado por el Ejecutivo para sanear la entidad, a través de la emisión de deuda que posteriormente Bankia podría utilizar como garantía ante el BCE para obtener liquidez, ha hecho peligrar el miércoles 30 de mayo la barrera de los 6.200 puntos del Ibex-35 y ha impulsado la prima de riesgo hasta los 540 puntos.
El presidente del Gobierno también ha negado que la banca española vaya a necesitar un rescate y ha declarado que la nacionalización de Bankia supone coger el toro por los cuernos. Quizá nos hubiera ido mejor si las nacionalizaciones de los últimos tiempos se hubieran producido antes, siguiendo la estela británica.
Ahora hace falta un ejercicio de sinceridad, despojarnos de nuestro orgullo y admitir los errores propios y ajenos para seguir adelante en esta larga carrera de fondo que será la salida de la crisis. Sólo profundizando en la cuestión renovaremos la confianza en nuestra economía.
04 junio 2012
El rescate de Bankia o la pérdida de confianza
¿Quién hubiera dicho hace tres años que el proclamado como modélico sector financiero español se encontraría en la difícil situación actual? El caso de Bankia nos ha situado ante el mayor rescate bancario que ha tenido lugar en España fruto, entre otras causas, de la acumulación de activos tóxicos, eminentemente inmobiliarios.
En la situación actual de recortes presupuestarios en educación, sanidad, investigación, infraestructuras y un largo etcétera de materias básicas para el progreso económico y social del país, así como de amenazas de intervención y recentralización de las autonomías, es difícil encajar que el Gobierno vaya a inyectar en Bankia —en efectivo a través de emisiones del Tesoro— más de 23.000 millones de euros.
Este no es el primer rescate ni el último que sufren nuestras instituciones bancarias pero sí es el más cuantioso y el que más ha exaltado el ánimo de la opinión pública. Primero, por la ingente cantidad de dinero público que supone dicha intervención pero, sobre todo, por la falta de voluntad para depurar responsabilidades por el agujero destapado. Las pérdidas del grupo Bankia, las mayores de la historia financiera de España, se cifran en 3.318 millones de euros frente a las ganancias de 41 millones de euros en las cuentas dadas por buenas por el equipo de Rodrigo Rato.
Por otro lado, este rescate es el que más desconfianza ha generado tanto entre los ciudadanos como entre inversores y estados. Y es que lo que al principio se cuantificó en cerca de 4.500 millones euros ahora ha crecido a más de 23.000.
La desafortunada intervención de Mariano Rajoy, el lunes 28 desde la sede del PP, no ha ayudado a aplacar el desasosiego generalizado. Sus asesores de comunicación debieron haberle alertado sobre las consecuencias de organizar una rueda de prensa sobre el tema en Génova y no desde Moncloa.
Si entramos en el contenido de su discurso sería lógico pensar que el representante de todos los españoles querría saber cómo Bankia ha llegado a ser un lastre para los ciudadanos. Sin embargo, Rajoy ha vuelto a considerar innecesario abrir una comisión de investigación para depurar responsabilidades en el caso.
No deben ser del mismo parecer los accionistas y clientes del grupo ni el conjunto de la ciudadanía que pagará a 497 euros por persona esa inyección de capital. Por el bien de la democracia, es necesario que, como ocurrió con Banesto o la CAM, se hagan públicos las causas y los responsables que han abocado a la cuarta entidad bancaria del país a esta situación.
Otro punto relevante en el discurso de Rajoy ha sido la desvinculación del aumento de la prima de riesgo del caso Bankia y de la convulsión de nuestro sistema financiero. No obstante, a los ojos de expertos y profanos en la materia se hace muy difícil desligarlos pues cuanto mayor es la incertidumbre más sube la prima y más cae la bolsa, que en mayo ha acumulado un descenso del 10%.
A modo de ejemplo, el revés que ha supuesto el rechazo del Banco Central Europeo (BCE) al plan presentado por el Ejecutivo para sanear la entidad, a través de la emisión de deuda que posteriormente Bankia podría utilizar como garantía ante el BCE para obtener liquidez, ha hecho peligrar el miércoles 30 de mayo la barrera de los 6.200 puntos del Ibex-35 y ha impulsado la prima de riesgo hasta los 540 puntos.
El presidente del Gobierno también ha negado que la banca española vaya a necesitar un rescate y ha declarado que la nacionalización de Bankia supone coger el toro por los cuernos. Quizá nos hubiera ido mejor si las nacionalizaciones de los últimos tiempos se hubieran producido antes, siguiendo la estela británica.
Ahora hace falta un ejercicio de sinceridad, despojarnos de nuestro orgullo y admitir los errores propios y ajenos para seguir adelante en esta larga carrera de fondo que será la salida de la crisis. Sólo profundizando en la cuestión renovaremos la confianza en nuestra economía.