07 mayo 2012
Hollande: “La austeridad no puede ser una condena”
La segunda vuelta de las elecciones francesas han dado la presidencia de la República al socialista François Hollande, una victoria que las encuestas ya preveían y que se ha perfilado a lo largo de una campaña que ha convertido al flanby de Hollande –como lo llamaban sus propios compañeros de partido– en el candidato que, en el debate televisado de la semana pasada, mostró templanza y firmeza ante un Nicolas Sarkozy agresivo, crispado y que muchos analistas percibieron como vencido. François Hollande se impuso con un 51,62% de los votos a Nicolas Sarkozy, que sumó un 48,38%, en unas elecciones con una participación de cerca del 80%.
Del mismo modo que las elecciones en Estados Unidos plantean cuestiones de alcance global que se convierten en debates universales, las presidenciales francesas son también una referencia clave de las discusiones a nivel europeo y los debates y retos a los que deberá hacer frente la Unión Europea y los gobiernos de los respectivos estados miembro en los próximos años. Temas que, de hecho, no están tan alejados del protagonismo que parece haber adquirido en la campaña presidencial estadounidense el debate sobre el papel del Estado en las sociedades, su peso e intervención. Una cuestión que en Francia ha ido acompañada de cuestiones como la inmigración, la seguridad, la ocupación y otros términos que el diario EL PAÍS resumía ayer en el artículo Palabras clave de una áspera campaña.
Aunque reducir las cuestiones clave de la campaña electoral francesa a la dicotomía austeridad vs crecimiento, otorgadas a derecha e izquierda respectivamente, es demasiado simplista, lo cierto es que el discurso de François Hollande a favor del crecimiento y cuestionando la austeridad como única respuesta ha marcado un punto de inflexión en los discursos europeos. Y ello dejando al margen la parte de castigo que los votantes franceses han aplicado al presidente saliente, una actitud que ya se ha observado en otros países europeos donde los gobiernos han caído debido a su gestión de la crisis.
Los medios de comunicación se han hecho eco de este punto de inflexión hablando, entre otros, de un nuevo rumbo, de cambio en las políticas y de nueva perspectiva para la izquierda europea. Otros, lo han hecho alineándose con el pensamiento de los más críticos y escépticos que no ven margen de acción para Hollande y lo perciben más como un peligro y una amenaza. En cualquier caso, lo cierto es que ya hace semanas que en Europa se ha abierto la puerta a una austeridad compatibilizada con una agenda de crecimiento. Hoy lunes, pasadas unas horas del recuento electoral, ya aparecían titulares informando del castigo a las bolsas europeas y Angela Merkel, consciente del nuevo socio europeo socialista, ha invitado a Hollande a viajar a Berlín.
Mientras tanto, en Grecia, los partidos tradicionales han sido los grandes derrotados en las elecciones legislativas, donde los votantes han expresado su desengaño, frustración y rabia hacia los partidos que apoyaron los planes de ajustes y donde partidos como el de extrema izquierda y la ultraderecha han dado la sorpresa. Parece que tal vez sí podemos hablar de inflexión o, como mínimo, escuchar voces que dicen que dirán cosas diferentes.
En cualquier caso, en ambas situaciones, retos apasionantes y a la par complejos para la comunicación política.
07 mayo 2012
Hollande: “La austeridad no puede ser una condena”
La segunda vuelta de las elecciones francesas han dado la presidencia de la República al socialista François Hollande, una victoria que las encuestas ya preveían y que se ha perfilado a lo largo de una campaña que ha convertido al flanby de Hollande –como lo llamaban sus propios compañeros de partido– en el candidato que, en el debate televisado de la semana pasada, mostró templanza y firmeza ante un Nicolas Sarkozy agresivo, crispado y que muchos analistas percibieron como vencido. François Hollande se impuso con un 51,62% de los votos a Nicolas Sarkozy, que sumó un 48,38%, en unas elecciones con una participación de cerca del 80%.
Del mismo modo que las elecciones en Estados Unidos plantean cuestiones de alcance global que se convierten en debates universales, las presidenciales francesas son también una referencia clave de las discusiones a nivel europeo y los debates y retos a los que deberá hacer frente la Unión Europea y los gobiernos de los respectivos estados miembro en los próximos años. Temas que, de hecho, no están tan alejados del protagonismo que parece haber adquirido en la campaña presidencial estadounidense el debate sobre el papel del Estado en las sociedades, su peso e intervención. Una cuestión que en Francia ha ido acompañada de cuestiones como la inmigración, la seguridad, la ocupación y otros términos que el diario EL PAÍS resumía ayer en el artículo Palabras clave de una áspera campaña.
Aunque reducir las cuestiones clave de la campaña electoral francesa a la dicotomía austeridad vs crecimiento, otorgadas a derecha e izquierda respectivamente, es demasiado simplista, lo cierto es que el discurso de François Hollande a favor del crecimiento y cuestionando la austeridad como única respuesta ha marcado un punto de inflexión en los discursos europeos. Y ello dejando al margen la parte de castigo que los votantes franceses han aplicado al presidente saliente, una actitud que ya se ha observado en otros países europeos donde los gobiernos han caído debido a su gestión de la crisis.
Los medios de comunicación se han hecho eco de este punto de inflexión hablando, entre otros, de un nuevo rumbo, de cambio en las políticas y de nueva perspectiva para la izquierda europea. Otros, lo han hecho alineándose con el pensamiento de los más críticos y escépticos que no ven margen de acción para Hollande y lo perciben más como un peligro y una amenaza. En cualquier caso, lo cierto es que ya hace semanas que en Europa se ha abierto la puerta a una austeridad compatibilizada con una agenda de crecimiento. Hoy lunes, pasadas unas horas del recuento electoral, ya aparecían titulares informando del castigo a las bolsas europeas y Angela Merkel, consciente del nuevo socio europeo socialista, ha invitado a Hollande a viajar a Berlín.
Mientras tanto, en Grecia, los partidos tradicionales han sido los grandes derrotados en las elecciones legislativas, donde los votantes han expresado su desengaño, frustración y rabia hacia los partidos que apoyaron los planes de ajustes y donde partidos como el de extrema izquierda y la ultraderecha han dado la sorpresa. Parece que tal vez sí podemos hablar de inflexión o, como mínimo, escuchar voces que dicen que dirán cosas diferentes.
En cualquier caso, en ambas situaciones, retos apasionantes y a la par complejos para la comunicación política.