China prohíbe que sus aerolíneas paguen a la UE por las emisiones de CO²

El gobierno chino ha prohibido a sus compañías aéreas cumplir con el plan de la Unión Europea que prevé gravar las emisiones contaminantes en los vuelos que atraviesen su espacio aéreo en rutas con origen o destino a la UE, así como incrementar el precio de los billetes a los clientes como medida compensatoria.

Esta prohibición hace referencia al Sistema de Comercio de Derechos de Emisiones de la UE y a la legislación europea que, desde el pasado 1 de enero, establece que todas las aerolíneas que utilicen aeródromos europeos serán gravadas con un impuesto incluido en el Plan de Emisiones por el Comercio. Las compañías que se nieguen a pagar deberán hacer frente a sanciones de alrededor de 100 euros por tonelada de dióxido de carbono emitida, mientras que una desobediencia reiterada de la norma podría suponer que la UE les prohibiera operar en aeropuertos europeos.

Las autoridades chinas han establecido que las aerolíneas del país que quieran cumplir con las directrices europeas deberán obtener antes la aprobación de Pekín, a la vez que han denunciado el plan por considerarlo un arancel sin fundamentos. A esto se le llama calentamiento diplomático previo a la cumbre bilateral UE-China que se celebrará la próxima semana. Pero en la lucha contra el cambio climático, científicamente irrebatible, no se pueden permitir este tipo de actitudes, por mucho que las plantee uno de los estados más poderosos del mundo.

China prohíbe que sus aerolíneas paguen a la UE por las emisiones de CO²

El gobierno chino ha prohibido a sus compañías aéreas cumplir con el plan de la Unión Europea que prevé gravar las emisiones contaminantes en los vuelos que atraviesen su espacio aéreo en rutas con origen o destino a la UE, así como incrementar el precio de los billetes a los clientes como medida compensatoria.

Esta prohibición hace referencia al Sistema de Comercio de Derechos de Emisiones de la UE y a la legislación europea que, desde el pasado 1 de enero, establece que todas las aerolíneas que utilicen aeródromos europeos serán gravadas con un impuesto incluido en el Plan de Emisiones por el Comercio. Las compañías que se nieguen a pagar deberán hacer frente a sanciones de alrededor de 100 euros por tonelada de dióxido de carbono emitida, mientras que una desobediencia reiterada de la norma podría suponer que la UE les prohibiera operar en aeropuertos europeos.

Las autoridades chinas han establecido que las aerolíneas del país que quieran cumplir con las directrices europeas deberán obtener antes la aprobación de Pekín, a la vez que han denunciado el plan por considerarlo un arancel sin fundamentos. A esto se le llama calentamiento diplomático previo a la cumbre bilateral UE-China que se celebrará la próxima semana. Pero en la lucha contra el cambio climático, científicamente irrebatible, no se pueden permitir este tipo de actitudes, por mucho que las plantee uno de los estados más poderosos del mundo.